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Historia

BARBIE, MUÑECA O MODELO?


Barbie ha desembarcado en la India: desde allí se dispone a conquistar el inagotable mercado de las niñas asiáticas. No se vestirá, sin embargo, con el sarí típico de la cultura local. Un estudio de mercado reveló, en efecto, que tendrá más éxito con los vestidos occidentales, los ojos azules y los cabellos rubios.



Nacida hace treinta años, al ritmo del más vertiginoso "usa y tira", Barbie se encuentra como nunca en la cresta de la ola. Las estadísticas confirman que, en Occidente, una de cada tres niñas tiene un ejemplar. ¿Dónde está el secre-todetantoéxito? La muñequita—aunque ésta es una palabra que no le va muy bien a su contextura— se presenta con los aires de quien tiene sus propias ideas sobre la vida.


Por de pronto no le interesa ciertamente mantener la función típica de recién nacida para los juegos de los chicos.
La historia de Barbie comienza en 1959 y hay que reconocer que, en su estilo, es revolucionaria, anticipándose a los tiempos.


Construida en plástico al ciento por ciento, los cabellos de nylon al viento, la fábrica Mattel lanzaba al mercado una muñeca de cuerpo elegante y moderno. El haber intuido el ti-po de mujer que habría resultado dominante en los siguientes treinta años es ciertamente un elemento que le asegu-ró la permanente simpatía de las niñas que, en Barbie, han proyectado su futuro modelo de crecimiento.


Con ella, la función originaria de la muñeca —que siempre había sido objeto de los afectuosos cuidados de las nenas— sufrió un vuelco total. Barbie, con sus accesorios (veinte mil millones de vestidos al año) constituye un modelo femenino que ve en la belleza y en la riqueza los motivos fundamentales de la existencia.


Es allí donde revela su rostro verdadero, que hace de este aparentemente inocuo "objeto de los deseos" infantiles un potente mensaje para los consumos masivos y—sin querer exagerar-una desvalorización del sentido de la maternidad.
Esto explica el por qué de tantos accesorios, que van desde todo tipo de ropa, hasta la casa misma, con piscina y ascensor, casa rodante, el gimnasio para aerobismo y hasta la revista periódica que, colocada en una zona estratégica de la cadena, hace las veces de amplificador.


En la contratapa de una de sus publicaciones se describe, más que un programa editorial, un programa de vida, de contornos claros y sin mucho romanticismo: "Hermosa, elegante, deportiva y dinámica, Barbie es una típica joven del siglo veinte, que sabe y puede gozar todo lo hermoso que tiene la vida para ofrecerle...".

¿Y para los varoncitos? Siempre alerta la misma Mattel se ha movido en grande haciendo intervenir la electróni-ca computarizada para combinar juegos de guerras estelares. La última novedad está en que el chico puede intervenir directamente en la contienda y disparar, simulando las futuras guerras, donde se oprime el botón desde una cómoda butaca, a miles y miles de kilómetros de distancia de quien recibe el proyectil.


No se puede hacer a menos de Dreguntar: ¿No será acaso éste el recurso para insinuar en los niños de hoy, soldados del mañana, la convicción de que, si es tan divertido jugar a la guerra, también la guerra es un juego?



Por suerte, a pesar de todo, los chicos son capaces de infinitos recursos y de innumerables "usos inapropia-dos" de los objetos que caen en sus manos, y así como un día transforman una escoba en un caballo o un fusil pueden también transformar una pretensiosa mujercita, rodeada de no menos pretensiosos vestidos y accesorios, en una alumna de escuela a la que hay que enseñarle, una mamá con la bolsa de las compras que pide descuento, y muchas otras cosas más, también reales y saludables.


Hace unos días descubrí a Eugenia, Clarita y Sara que hacían descender sus Barbie desde el balcón, atadas aun piolín, para un improvisado teatro de títeres. Asistían al espectáculo, desde el patio, dos gatitos adoptados pocos días antes, que trataban de treparse para saltar sobre las muñecas e interpretar también ellos su papel de bravos felinos.


En la fuerza infinita de la fantasía infantil la naturaleza misma va renovando continuamente el más auténtico patrimonio de humanidad, pero los mayores, tras nuestros propios intereses, más de una vez no lo sabemos apreciar y podemos incluso ponerlo en peligro. Es, por ló menos, un juego peligroso.



La información contenida en este artículo tiene una función meramente informativa. Ante cualquier duda consulte a su médico o terapeuta.
Fuente: MADE IN WEB

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