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Salud

La Hepatitis-A


La decisión de que la vacunación contra a hepatitis-A llegue a formar parte del calendario oficial está muy cerca. La información disponible sobre esa virosis se encuentran ya en manos de las autoridades nacionales.


La vacunación universal en la infancia, idealmente al año de vida y a los 18 meses, es el único modo de frenar el avance de la enfermedad. No tiene sentido poner avisos pidiéndole a la gente que se lave las manos, cuando se permite que ingiera agua de napas dudosas y alimentos contaminados.


Alguna vez todos los argentinos tendrán agua potable y redes cloacales. Mientras tanto, y aun entonces, la vacunación contra la hepatitis-A se hace imprescindible. Hemos establecido sin lugar a dudas que cada dólar invertido en vacunar contra la hepatis-A permite un ahorro de tres en la atención de pacientes. Por ese estudio, que debería ser conocido por quienes toman decisiones políticas en el área de la salud, hemos recibido en marzo un premio internacional.



La vacunación masiva de los niños reduciría el problema a cifras estadísticamente pequeñas. No sólo hay que vacunar preventivamente sino también bloquear mediante la vacuna brotes de cualquier dimensión que puedan producirse. En la Argentina los casos han aumentado sensiblemente en los últimos años. Hoy hay brotes epidémicos en diversas partes de nuestro país. Desde la zona sur del conurbano, como Berazategui y Quilmes, hasta provincias enteras como Tucumán y Salta.



La hepatitis-A es una enfermedad grave. En primer lugar por los problemas que causa a los niños y a los adultos. En segundo lugar porque puede producir las formas llamadas fulminantes. Esos pacientes pediátricos necesitan ser trasplantados. En el Garrahan recibimos cada treinta días, aproximadamente, un caso de hepatitis fulminante, pero en el país hay otros tres centros de trasplantes hepáticos con similar frecuencia de casos.


Veinte por ciento de ellos no llegan a la operación por falta de órganos disponibles. Y de los trasplantados, veinte a veinticinco por ciento tienen un desenlace fatal. Las vacunas contra la hepatitis-A son muy eficaces. Han demostrado que cuando se las utiliza al año de vida de los chicos tienen un alto poder de prevención.



Y si uno previene la enfermedad, previene también todas las complicaciones que le son propias. Las vacunas pediátricas, como la francesa A-80u pueden usarse desde los once o doce meses de vida hasta los 15 años. Desde los 15 en adelante se usa la vacuna para adultos, que en la de origen francés es de 160 unidades.



Los que no tienen agua potable se infectan rápidamente en los primeros 10 años de vida. Los que tienen agua potable y redes cloacales pueden enfermarse en la adultez. Si hacemos un corte a los 10 años de edad, 40 por ciento de la población ha tenido hepatitis-A.


Por eso la vacunación debe ser temprana, al cumplirse el primer año de vida, con su correspondiente refuerzo seis meses después, es decir, al año y medio. La B y la C producen más cronicidad. La A parece menos severa, pero es extremadamente difundida y cuatro de cada mil casos es de curso gravísimo y obliga al trasplante



La información contenida en este artículo tiene una función meramente informativa. Ante cualquier duda consulte a su médico o terapeuta.
Fuente: MADE IN WEB

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